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el crónicol

EL BUSCADOR, EL AVARO Y EL COLECCIONISTA

Rafael Ariza Guillén.

Durante mucho tiempo he sentido, hoy debo decir sentí mucho interés por el coleccionismo. Se puede coleccionar casi todo, y casi todos pueden coleccionar. Unos coleccionan durante un tiempo y lo dejan después, otros coleccionan toda la vida. Es posible que incluso haya algunos que no hayan coleccionado jamás. Por lo común es la infancia la época de la vida en la que nace el coleccionismo. Se acumulan cosas de poco valor, no por otro motivo que por las lógicas limitaciones de la infancia, y se encuentra en ello una satisfacción intima, un gozo extraordinario, un bienestar que no parece fácil de explicar. El tiempo selecciona y madura y aquel gozo que se encuentra en la acumulación, en la clasificación, en la posesión, en el fondo en el dominio de aquellas cosas, las que quiera que sean, o bien se pierde o se perpetua por toda la existencia.

Que hay detras de ello, no es algo fácil de determinar. Un buen dato para llegar a una conclusión es que es en la infancia donde se desarrolla ese interés por las cosas físicas, en sí mismas.
Coleccionar implica siempre una busqueda, una busqueda en realidad indefinida, de no se sabe que, pero de algo que indubablemente se desea, y el gozo de poseer el objeto, primero y los, en plural, acumulación, objetos después, implica que esa actividad es suficiente para satisfacer la busqueda emprendida. La acumulación, así, no es fin sino un medio para un fin mucho más personal. En realidad lo que busca el niño que colecciona es lo absoluto, lo absoluto con o sin mayuscula, personalmente creo que con mayúscula. Y los objetos son la forma de contactar con él, de ahi ese tan especial gozo que procude la acumulación-colección. Pero es un gozo inmaduro porque el contacto así concebido con lo Absoluto es también inmaduro. Es natural en los níños, es lo propio de los niños la inmadurez, pero la cosa cambia con los adultos.

El padre Teilhard de Chardin, en el epígrafe "la llamada de la materia" de "El Corazón de la materia", me descubrió este interesante aspecto de la psicología del ser humano, y de todo otro ser que coleccione. Allí escribió, "La consistencia, ese ha sido para mí indudablemente el atributo fundamental del Ser.Detenida prematura y estérilmente en su crecimiento, es, supongo yo, esta aprehensión inicial de lo Absoluto bajo la forma de lo Tangible, la que produce, por enanismo, al avaro...al coleccionista".


Resulta pues, ésta es nuestra psicología, que todos somos buscadores, y es el progreso en esa busqueda, lo que va determinando nuestra maduración. No hay realmente un punto de inflexión, ni un punto sin retorno, el proceso es progresivo, simplemente. Si progresamos adecuadamente aprendemos a buscar mejor, y aprendemos a comprender mejor que es lo que buscamos. Pero nadie nos garantiza el éxito, no es una historia ya escrito, sino que es un futuro que nosotros, yo y todos los demás, individual y colectivamente a la vez, vamos desarrollando, desenrrollando. El avance, la progresión, la maduración, discurra por caminos anchos o estrechos, se escriba con renglones rectos o torcidos, nos acerca a la meta, cuidado, sólo nos acerca a la meta, nunca nos lleva a ella, al menos por el momento. Los parones en el camino, los frenazos en el crecimiento, la frustración por "enanismo" de ése vector que sómos lanzado al infinito, produce las formas incompletas del ser humano. Son los que se detuvieron en un punto del camino y no siguieron más adelante. Los que dijeron "no puedo más y aquí me quedo". Los que quedaron incompletos. Los inmaduros, o para decirlo de manera más precisa, los que no han madurado todavía proporcionalmente a sus talentos.

El coleccionista que fui a dejado de tener gusto por las cosas coleccionables, porque ha aprendido que son solo una manifestacion incompleta de lo verdaderamente gozoso y desesable. jala, Dios quiera, esté de Buda, que no me afecte el enanismo de tal forma que me convierta en un avaro, máxima degradación del coleccinista, y sin embargo, subespecie formalmente tolerada o temida por la sociedad, apariencia respetable del síndrome de diógenes.
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1 comentario

chupala -

chupame el orto putaa... no me sirvio de nada tu maldito vicio por coleccionar libros...
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